miércoles, 8 de julio de 2009

La ciencia y la literatura, dos ficciones con una ilusión común

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Jorge Wagensberg analiza las uniones entre ciencia y literatura en 108 relatos


Jorge Wagensberg prefiere una literatura menos superflua. - Manu Fernández
PEIO H. RIAÑO - MADRID - 07/07/2009 03:47

Venía de apuntar 747 aforismos en su anterior libro A más cómo, menos por qué y en el nuevo, Yo, lo superfluo y el error, escribe 108 relatos de lo que podría ser el inicio de un nuevo género, que ya se han adelantado en llamar "literatura científica". Porque la intención de estas piezas escritas por Jorge Wagensberg (Barcelona, 1948), con humor y amargura, es transitar por la frontera que transcurre entre la literatura y la ciencia, y encontrar el genio del autor de la primera y el rigor de la segunda.

"Ciencia y literatura son dos ficciones con una ilusión común: comprender la realidad", escribe Wagensberg en la primera parte del libro, donde ya avisa de que las historias que aparecerán a continuación son testimonios de vida, porque son historias de muerte. Muchas de ellas parecen bocetos tomados al encuentro casual con un fogonazo lúcido, como la titulada La muerte: "Nació hace cuatro años y medio. Llega de la escuela y se encuentra a su abuela muerta. Toma la mano de su madre y dice desde detrás de una cortina de lágrimas: ¿Te quedarás conmigo hasta que acabe de llorar?".

Habla con la precaución de un sabio y la solvencia de un aprendiz; mide cada una de sus palabras y dice a las claras que con la literatura lo mejor que se puede hacer es "eliminar lo superfluo". No quiere sentar cátedra, prefiere que el libro se tome como una opción, como el método para evitar el peligro de contar siempre la misma historia. "Es importante no pelear siempre en el mismo barro. -afirma- Siempre es sano resbalar en el barro".

El éxito está en el fallo

El error, el santo error. Yo, lo superfluo y el error es una propuesta para aventurarse en ese terreno y atreverse a cambiar la visión de lo aprendido, como el cuento de Caperucita roja. "Este cuento no tiene un sentido único, es Caperucita la que seduce al lobo. Esta versión es mucho más verosímil", explica uno de los divulgadores científicos más destacados de España, especialista en termodinámica, matemática, biofísica, microbiología, paleontología...

Propone al escritor que se sacrifique como lo hace el científico cuando se entrega al estricto método del rigor, aunque reconoce que la ciencia no es imprescindible para hacer buena literatura. "Mira Kafka, está lejos de la ciencia porque casi es paranoico y es un grandísimo escritor. Melville como Borges sí es científico. Picasso también lo es, Van Gogh no", cuenta. Todos ellos tenían en común con el científico una cosa, el dominio del lenguaje.