Mostrando entradas con la etiqueta patrocinio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta patrocinio. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de diciembre de 2010

La cultura pide un pacto con la empresa

Todos los sectores de las artes firman mañana el Pacto Social por la Cultura para fomentar una Ley de Mecenazgo que anime la inversión privada en tiempos de recortes públicos

El Público, PEIO H. RIAÑO MADRID 16/12/2010 08:40

*
La ley que facilitará la inversión

A la cultura no le salen las cuentas. Los tijeretazos en los presupuestos del Ministerio de Cultura y los recortes de las empresas en sus inversiones hacen temblar al sector. Mañana, más de 60 entidades dedicadas a la cultura firmarán un pacto histórico en este país para aclarar cómo hacer que la cultura sea capaz de resistir a la poda. Los sectores profesionales del libro, el patrimonio, las artes audiovisuales, las escénicas, la música, las artes plásticas o el diseño se unen en la sede madrileña del CaixaForum durante dos días, en la Conferencia Estatal de los Sectores Profesionales y Empresariales de la Cultura, con la intención de aportar nuevas ideas para acercar el mundo de la empresa al de la cultura.

El Pacto Social por la Cultura es un pacto de necesidad. No son las fundaciones, ni las empresas las que se unen para confirmar su vocación filantrópica. Son las víctimas que se revuelven para "aprovechar la potencia de la creatividad en beneficio de todos los sectores de la economía", según el pacto. En él se desarrollarán 11 puntos en los que se pide mayor transparencia, responsabilidad y coordinación a la política cultural institucional, así como el impulso de la modificación de la actual Ley de Mecenazgo y Patrocinio Cultural aprobada en 2002, con una nueva norma con más ventajas fiscales para quienes inviertan en cultura.

Alberto Anaut: "No podemos pretender que el Estado lo pague todo"
El fisco tiene la palabra

El pasado noviembre, Alfredo Pérez Rubalcaba, vicepresidente primero del Gobierno, anunciaba la reforma de la ley durante el primer cuatrimestre de 2011, y esta semana volvía a insistir en ella. "Tenemos una buena Ley de Mecenazgo, pero hay motivos para modificarla", aclaraba ayer a este periódico el director de La Casa Encendida de la Obra Social de Caja Madrid, José Guirao. "La cultura pide más ventajas fiscales para animar al sector privado y han surgido nuevos modelos de trabajo en el sector que necesitan ser actualizados en la norma Pero son malos tiempos para mejorar la fiscalidad", cuenta Guirao, que celebra ocho años al frente de la institución cultural.

"El problema actual de la ley es que no estimula a las empresas a meterse a este mundo. No creen que esto sea una buena inversión y prefieren eventos como el Xacobeo o la World Cup Race, porque la exención de impuestos es mucho mayor", explica Alberto Anaut, director de La Fábrica, empresa que se dedica a la creación de programación cultural tanto de instituciones públicas como privadas. Anaut propone un entendimiento entre lo privado y lo público. Dice que la única solución es la mixta para estimular a los inversores: "No podemos pretender que el Estado lo pague todo y, además, el apoyo no tiene que ser siempre una subvención", aclara.

"Son malos tiempos para mejorar las ventajas fiscales", cuenta José Guirao

Pero la filantropía tiene un precio para llenar los vacíos que ha dejado la financiación pública. El director de La Fábrica asegura que no se pueden crear estímulos para que la sociedad invierta en cultura "si no se les ofrece reconocimiento", además de las ventajas fiscales mencionadas. "La sensación que tienen muchas empresas es que sólo interesa su dinero. Hay que promover una cultura de reconocimiento para los que invierten en la sociedad", confiesa.

Precisamente, en esa línea se expresó hace unas semanas el ministro de Cultura inglés, Jeremy Hunt: "Hay que lograr un reconocimiento público más visible de los donantes. Se puede crear un sistema de honores para los mecenas", declaró. Entre las medidas legales que va a desarrollar su Gobierno para fomentar la inversión privada en las artes se encuentra la protección de la inversión extranjera.

Hunt también es partidario del "desarrollo de posibilidades de recaudación del sector de las artes", y del "fomento de la inversión de las empresas en grandes eventos de 2011". El pliego de medidas para hacer frente a un recorte del 30% de los presupuestos de su gabinete confirma la tradición anglosajona en los vínculos entre empresa y cultura. Incluso, avanza vagamente el anuncio de una norma que obligara a donar el 10% de las herencias a la cultura y caridad.

"Desde luego, no se trata de privatizar la gestión", aclara José Luis Melendo

De hecho, en nuestro país, con la Ley de Mecenazgo actual, las donaciones individuales desgravan un 25% del IRPF y un 35% del impuesto de sociedades si se trata de empresas. En Francia, llegan hasta el 66% y el 60% respectivamente. El caso de EEUU es extraordinario, donde las aportaciones pueden desgravar hasta el 100% de lo donado.
Honores para los donantes

El director general de Fundación Telefónica desde hace seis años, Paco Serrano, duda de la tradición de mecenazgo en España. "El reconocimiento filantrópico de empresas privadas no está bien visto en este país. Estamos muy lejos de la práctica anglosajona", cuenta Serrano, que desconfía que a un año de las elecciones vaya a haber algún cambio en la política fiscal del Gobierno en estos momentos. Es un mal momento para todos, pero un momento en el que se pide como agua el estímulo de la acción privada. El director de Fundación Telefónica resume la situación de la siguiente manera: "Los privados quieren verse más reconocidos y los públicos recibir cheques para administrarlos ellos".

Luis Calvo señala que hay que educar a las marcasen la inversión

Los colectivos piensan que es un momento de cambio, para señalar que hay que olvidarse de lo vivido. El debate entre si la cultura debe ser más privada o más pública está abierto en plena crisis económica, con las arcas del Estado bajo mínimos. "Las cosas tienen que cambiar", reconoce José Luis Melendo, coordinador de la Conferencia Estatal de los Sectores Profesionales y Empresariales de la Cultura, para quien la gestión de la cultura debe estar implicada en los sectores productivos de la sociedad.

"La reforma de la Ley de Mecenazgo es muy importante para que la inversión de la sociedad en cultura sea más fluida. De esta manera, la iniciativa pública se dedicará en exclusiva a fomentar valores como la creatividad y el talento", explica Melendo. Avisa de que habrá más recortes y que los tiempos pasados no volverán.
Empresas responsables

Paco Serrano: "El reconocimiento a las empresas aquí no está bien visto"

"Tenemos que cambiar nuestra forma de gestionar, porque ¿cómo va a emerger sino la cultura en el momento por el que pasamos? Desde luego, no se trata de privatizar la gestión, sino de llegar a un acuerdo razonable entre todas las partes sociales: el Estado, la sociedad civil y la empresa", cuenta. Pero reconoce el peligro que supone la utilización de la cultura como soporte de campaña de comunicación: "La Ley debe patrocinar proyectos de largo alcance. Además de garantías fiscales, hay que establecer responsabilidades culturales. Cuando hablamos de cultura, no podemos hablar de comercio".

Luis Calvo, director del festival de músicas del mundo Pirineos Sur, que este año celebra 20 años en activo, cumple con sus presupuestos, a partes iguales, con la Administración, el sector privado y las entradas de los espectadores: "A las empresas hay que enseñarles que la cultura es un valor añadido, para que valoren dónde invierten. En ningún caso, Pirineos Sur será lo que quiera el patrocinador, ellos saben en qué invierten". La censura, como dice José Guirao, es excepcional y se da en todas partes: "Lo público tampoco es sinónimo de garantía total, mira el MUVIM de Valencia".

lunes, 23 de marzo de 2009

¿Es la cultura un sector como los demás?

La recesión económica está afectando de manera profunda al mecenazgo y a las donaciones privadas. Tanto los poderes públicos como los artistas tendrán que hacer ajustes y afrontar las nuevas circunstancias

http://www.elpais.com/JAIME OTERO ROTH 23/03/2009

La recesión afecta también al sector de la cultura. Mientras que la demanda de bienes y servicios culturales registra descensos en la mayoría de los países industrializados, la pérdida de valor de los activos financieros afecta al mecenazgo y las donaciones privadas al tercer sector. Museos, teatros y festivales cancelan producciones y ajustan plantillas. El Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles ha estado a punto de cerrar o fusionarse con otro museo. El Rose Art Museum quizá tenga que vender su colección para salvar las cuentas de la Universidad de Brandeis (Nueva Inglaterra). En diciembre, la Ópera de Baltimore se declaró en bancarrota.

La noticia en otros webs

Museos, teatros y festivales cancelan producciones y ajustan plantillas

Los más optimistas ven en esta crisis una ocasión para la innovación y las reformas estructurales

Los grupos de presión se han movilizado. Durante el paso por las Cámaras del primer paquete de medidas de estímulo del presidente Obama, pidieron un significativo apoyo a las artes. Una campaña reunió firmas para asignar el 1% de los fondos a la cultura (lo que hubiera supuesto una cantidad de 7.870 millones de dólares) alegando los efectos positivos de los programas WPA (Works Progress Administration) del presidente Roosevelt en la década de 1930, que incluyeron también ayudas para artistas. Otra iniciativa promueve la creación de un departamento federal de Cultura de rango ministerial.

Finalmente, las asignaciones tuvieron que sufrir recortes para recibir el necesario apoyo parlamentario. El National Endowment for the Arts (agencia creada por el presidente Johnson en 1965) recibirá 50 millones de dólares adicionales, lo que aumenta su presupuesto en más de un tercio, pero la Smithsonian Institution sólo dispondrá de 25 millones de dólares, lejos de los 150 inicialmente propuestos. Al aprobarse, de vuelta en la Cámara de Representantes, la Ley de Recuperación y Reinversión, el congresista demócrata David Obey ha recordado que 5,7 millones de personas trabajan en la industria de la cultura y que sufren un desempleo del 15%.

Tampoco hay, por el momento, incentivos suplementarios al patrocinio privado, aunque ya es evidente que la crisis está afectando negativamente a la filantropía. Los senadores Grassley (republicano) y Bingaman (demócrata) intentaron sin éxito introducir medidas para ayudar a fundaciones acreedoras de administraciones públicas que se retrasan en sus pagos o para mejorar la fiscalidad de donaciones corporativas y organizaciones sin ánimo de lucro. Algunos advierten que si se congelan o reducen los salarios de los altos ejecutivos, una de las mayores fuentes de donaciones individuales probablemente se resentirá. Aunque en las encuestas la mayoría de los donantes asegure que la fiscalidad no influye en sus decisiones, está por ver si la crisis les impulsarán a mantener o aumentar sus aportaciones.

Otra cuestión es el destino de esas donaciones. Los expertos en marketing aseguran que el atractivo del patrocinio en deporte y cultura orientado al negocio seguirá siendo alto para las empresas, pero cuando aumentan las necesidades básicas el gasto en cultura puede parecer superfluo. En 2007 crecieron en EE UU las donaciones destinadas al medio ambiente, ciencia y tecnología y acción social mientras que se redujeron ligeramente las donaciones en cultura y asuntos internacionales; educación y salud siguieron siendo su principal destino. Esta tendencia concuerda con experiencias como las de Caja Navarra, en España, que al someter el empleo de su obra social a la opinión de sus clientes ha comprobado que crecen las preferencias hacia la salud, el medio ambiente o las discapacidades y bajan las de cultura, ocio o deporte.

Doble crisis, por tanto, para las artes: la misma que afecta a todos, y la derivada de la percepción de la cultura como una prioridad secundaria tras otras necesidades más urgentes. Los defensores de las ayudas federales a la cultura argumentan que las artes contribuyen a la economía generando renta y empleo (no sólo de artistas, sino también de electricistas o carpinteros) y adicionalmente a través del fomento del turismo. Docenas de estudios sobre el impacto de las inversiones en cultura en distintas comunidades (ciudades, condados, Estados) respaldan este argumento. Lo mismo puede decirse del sector exterior: la atracción del turismo internacional depende en buena medida de la efervescencia cultural de las grandes capitales, y la reputación artística de un país impregna sus productos de exportación. Las propias exportaciones culturales representan una fuente de ingresos nada desdeñable, como prueba la posición de Hollywood en la balanza externa de EE UU.

Entonces, ¿es el sector de la cultura un sector especial que merece recibir ayudas o estímulos públicos? Quizá no tanto en lo segundo (al fin y al cabo, Hollywood siguió generando enormes beneficios en 2008), pero en lo primero parece todo el mundo, quién más y quién menos, estar de acuerdo. En The Wall Street Journal, el crítico Greg Sandow reclama mejores argumentos para el arte, que tendrán que venir "del propio arte, de los beneficios que aporta el arte, en un mundo en el que la cultura popular -que se ha vuelto inteligente y seria- también contribuye a dar profundidad y sentido a nuestras vidas". Michael Kaiser, presidente del John F. Kennedy Center for the Performing Arts, advierte en The New York Times que esta "tormenta perfecta" ya ha debilitado "el ecosistema artístico nacional" y que "estamos perdiendo la inspiración que necesitamos más que nunca. Cuando intentamos reconstruir la imagen de EE UU en el mundo, estamos perdiendo nuestros embajadores de buena voluntad más eficaces".

Para los más optimistas, esta crisis debe interpretarse como una ocasión para la innovación y las reformas estructurales. Como en EE UU, es probable que en España el paisaje haya cambiado después de la batalla de la recuperación económica, pero las condiciones que hacen a las artes necesarias en una sociedad democrática y aconsejan que el Gobierno tenga un papel en la cultura se mantendrán. Junto con la educación y la investigación, las artes se han revelado como uno de los componentes de una economía basada en el conocimiento y la creatividad: la economía a la que nos encaminamos o deberíamos encaminarnos. No deben olvidarse los activos intangibles que proporciona el sector cultural en términos de imagen exterior. Después de dos décadas de internacionalización con éxito de muchas empresas españolas de distintos sectores, empieza a anunciarse la salida al exterior de lo que podrían ser otros motores del desarrollo económico en el futuro: la música, el cine, el libro, las artes plásticas, el diseño, la arquitectura, los servicios educativos, los medios de comunicación. Algunas de estas industrias atraviesan un momento crítico de adaptación a las nuevas tecnologías, caracterizado por la capacidad sin límites de Internet y por la falta de una regulación internacional en materia de propiedad intelectual.

Tanto los poderes públicos como el sector cultural tendrán que realizar ajustes para hacer frente a las circunstancias. El Gobierno deberá tener en consideración el papel social de la cultura y su potencial económico e incluirla en sus esfuerzos por la innovación. Será conveniente proporcionar a las empresas culturales, en su mayoría pequeñas o medianas, posibilidades de incubación y respaldo en su salida al exterior, y propiciar que crezcan en tamaño. Reforzar la educación artística es crucial a medio plazo para establecer las condiciones adecuadas para la creación. Mejorar la fiscalidad de las fundaciones y el mecenazgo ensancharía los cauces a la participación privada en la financiación de la cultura. El entorno normativo debe procurar que sean sostenibles las organizaciones culturales que demuestren su utilidad social. Las buenas prácticas culturales, ya introducidas por algunas administraciones públicas españolas, han probado en otros países su pertinencia como una garantía más -nunca perfecta- de la neutralidad del gestor de los fondos públicos y de la autonomía del creador. Por su parte, los artistas y las organizaciones culturales tendrán que aplicarse en mejorar su transparencia, calidad y eficacia, y en adaptar su oferta al mercado global.

¿Merece el sector de la cultura una protección especial? Argumentos hay a favor y en contra. Lo que parece cierto es que, ni por su peso económico ni por su valor simbólico, debiera ser (negativamente) discriminado.

Jaime Otero Roth es investigador principal del área de Lengua y Cultura del Real Instituto Elcano.