Mostrando entradas con la etiqueta gestión cultural. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta gestión cultural. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de diciembre de 2010

La cultura pide un pacto con la empresa

Todos los sectores de las artes firman mañana el Pacto Social por la Cultura para fomentar una Ley de Mecenazgo que anime la inversión privada en tiempos de recortes públicos

El Público, PEIO H. RIAÑO MADRID 16/12/2010 08:40

*
La ley que facilitará la inversión

A la cultura no le salen las cuentas. Los tijeretazos en los presupuestos del Ministerio de Cultura y los recortes de las empresas en sus inversiones hacen temblar al sector. Mañana, más de 60 entidades dedicadas a la cultura firmarán un pacto histórico en este país para aclarar cómo hacer que la cultura sea capaz de resistir a la poda. Los sectores profesionales del libro, el patrimonio, las artes audiovisuales, las escénicas, la música, las artes plásticas o el diseño se unen en la sede madrileña del CaixaForum durante dos días, en la Conferencia Estatal de los Sectores Profesionales y Empresariales de la Cultura, con la intención de aportar nuevas ideas para acercar el mundo de la empresa al de la cultura.

El Pacto Social por la Cultura es un pacto de necesidad. No son las fundaciones, ni las empresas las que se unen para confirmar su vocación filantrópica. Son las víctimas que se revuelven para "aprovechar la potencia de la creatividad en beneficio de todos los sectores de la economía", según el pacto. En él se desarrollarán 11 puntos en los que se pide mayor transparencia, responsabilidad y coordinación a la política cultural institucional, así como el impulso de la modificación de la actual Ley de Mecenazgo y Patrocinio Cultural aprobada en 2002, con una nueva norma con más ventajas fiscales para quienes inviertan en cultura.

Alberto Anaut: "No podemos pretender que el Estado lo pague todo"
El fisco tiene la palabra

El pasado noviembre, Alfredo Pérez Rubalcaba, vicepresidente primero del Gobierno, anunciaba la reforma de la ley durante el primer cuatrimestre de 2011, y esta semana volvía a insistir en ella. "Tenemos una buena Ley de Mecenazgo, pero hay motivos para modificarla", aclaraba ayer a este periódico el director de La Casa Encendida de la Obra Social de Caja Madrid, José Guirao. "La cultura pide más ventajas fiscales para animar al sector privado y han surgido nuevos modelos de trabajo en el sector que necesitan ser actualizados en la norma Pero son malos tiempos para mejorar la fiscalidad", cuenta Guirao, que celebra ocho años al frente de la institución cultural.

"El problema actual de la ley es que no estimula a las empresas a meterse a este mundo. No creen que esto sea una buena inversión y prefieren eventos como el Xacobeo o la World Cup Race, porque la exención de impuestos es mucho mayor", explica Alberto Anaut, director de La Fábrica, empresa que se dedica a la creación de programación cultural tanto de instituciones públicas como privadas. Anaut propone un entendimiento entre lo privado y lo público. Dice que la única solución es la mixta para estimular a los inversores: "No podemos pretender que el Estado lo pague todo y, además, el apoyo no tiene que ser siempre una subvención", aclara.

"Son malos tiempos para mejorar las ventajas fiscales", cuenta José Guirao

Pero la filantropía tiene un precio para llenar los vacíos que ha dejado la financiación pública. El director de La Fábrica asegura que no se pueden crear estímulos para que la sociedad invierta en cultura "si no se les ofrece reconocimiento", además de las ventajas fiscales mencionadas. "La sensación que tienen muchas empresas es que sólo interesa su dinero. Hay que promover una cultura de reconocimiento para los que invierten en la sociedad", confiesa.

Precisamente, en esa línea se expresó hace unas semanas el ministro de Cultura inglés, Jeremy Hunt: "Hay que lograr un reconocimiento público más visible de los donantes. Se puede crear un sistema de honores para los mecenas", declaró. Entre las medidas legales que va a desarrollar su Gobierno para fomentar la inversión privada en las artes se encuentra la protección de la inversión extranjera.

Hunt también es partidario del "desarrollo de posibilidades de recaudación del sector de las artes", y del "fomento de la inversión de las empresas en grandes eventos de 2011". El pliego de medidas para hacer frente a un recorte del 30% de los presupuestos de su gabinete confirma la tradición anglosajona en los vínculos entre empresa y cultura. Incluso, avanza vagamente el anuncio de una norma que obligara a donar el 10% de las herencias a la cultura y caridad.

"Desde luego, no se trata de privatizar la gestión", aclara José Luis Melendo

De hecho, en nuestro país, con la Ley de Mecenazgo actual, las donaciones individuales desgravan un 25% del IRPF y un 35% del impuesto de sociedades si se trata de empresas. En Francia, llegan hasta el 66% y el 60% respectivamente. El caso de EEUU es extraordinario, donde las aportaciones pueden desgravar hasta el 100% de lo donado.
Honores para los donantes

El director general de Fundación Telefónica desde hace seis años, Paco Serrano, duda de la tradición de mecenazgo en España. "El reconocimiento filantrópico de empresas privadas no está bien visto en este país. Estamos muy lejos de la práctica anglosajona", cuenta Serrano, que desconfía que a un año de las elecciones vaya a haber algún cambio en la política fiscal del Gobierno en estos momentos. Es un mal momento para todos, pero un momento en el que se pide como agua el estímulo de la acción privada. El director de Fundación Telefónica resume la situación de la siguiente manera: "Los privados quieren verse más reconocidos y los públicos recibir cheques para administrarlos ellos".

Luis Calvo señala que hay que educar a las marcasen la inversión

Los colectivos piensan que es un momento de cambio, para señalar que hay que olvidarse de lo vivido. El debate entre si la cultura debe ser más privada o más pública está abierto en plena crisis económica, con las arcas del Estado bajo mínimos. "Las cosas tienen que cambiar", reconoce José Luis Melendo, coordinador de la Conferencia Estatal de los Sectores Profesionales y Empresariales de la Cultura, para quien la gestión de la cultura debe estar implicada en los sectores productivos de la sociedad.

"La reforma de la Ley de Mecenazgo es muy importante para que la inversión de la sociedad en cultura sea más fluida. De esta manera, la iniciativa pública se dedicará en exclusiva a fomentar valores como la creatividad y el talento", explica Melendo. Avisa de que habrá más recortes y que los tiempos pasados no volverán.
Empresas responsables

Paco Serrano: "El reconocimiento a las empresas aquí no está bien visto"

"Tenemos que cambiar nuestra forma de gestionar, porque ¿cómo va a emerger sino la cultura en el momento por el que pasamos? Desde luego, no se trata de privatizar la gestión, sino de llegar a un acuerdo razonable entre todas las partes sociales: el Estado, la sociedad civil y la empresa", cuenta. Pero reconoce el peligro que supone la utilización de la cultura como soporte de campaña de comunicación: "La Ley debe patrocinar proyectos de largo alcance. Además de garantías fiscales, hay que establecer responsabilidades culturales. Cuando hablamos de cultura, no podemos hablar de comercio".

Luis Calvo, director del festival de músicas del mundo Pirineos Sur, que este año celebra 20 años en activo, cumple con sus presupuestos, a partes iguales, con la Administración, el sector privado y las entradas de los espectadores: "A las empresas hay que enseñarles que la cultura es un valor añadido, para que valoren dónde invierten. En ningún caso, Pirineos Sur será lo que quiera el patrocinador, ellos saben en qué invierten". La censura, como dice José Guirao, es excepcional y se da en todas partes: "Lo público tampoco es sinónimo de garantía total, mira el MUVIM de Valencia".

jueves, 21 de mayo de 2009

REPORTAJE Economía y cultura, pareja inseparable


Un congreso mundial convoca en Barcelona a expertos en tiempos de crisis
C. G. - Barcelona - 21/05/2009


No hace tanto, economía y cultura casi se odiaban. La primera pensaba que daba más prestigio que dinero; la segunda, que si se echaba en brazos de la otra se desvirtuaba y, desconfiada no sin razón, temía ser instrumentalizada por aquélla. Ahora, en la enésima demostración de que los tiempos cambian sin remisión, el binomio parece inseparable si quiere superarse la crisis actual. Hasta el rey Juan Carlos aboga por "volcar un esfuerzo adicional para estimular las industrias culturales europeas como instrumento para contribuir a recuperar el crecimiento de la economía" y ve en ello "una oportunidad de diferenciación y de creación de valor", a la que no es ajeno el español, "activo de relevancia". Así lo manifestó ayer en la inauguración del Congreso Internacional de Economía y Cultura que presidió en Barcelona. Un foro que hasta mañana reunirá a una treintena de expertos mundiales.

"Estamos ante un cambio de paradigma donde la economía del conocimiento es capital", aseguró el presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, Miquel Valls, anfitrión de las jornadas, ante, entre otros, el presidente de la Generalitat, José Montilla, y la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde. Ésta, con discurso de marcado tono social, señaló: "Tras la era de la codicia de unos pocos, indigna, indecente e insostenible, nunca como ahora es tan necesario el encuentro de economía y cultura, porque ésta aporta beneficios materiales pero sobre todo inmateriales, como los valores y nos lleva a emprender, a innovar y a dialogar... No es una opción, es una emergencia". Según sus cálculos, el sector aportará este año el 5% del producto interior bruto español.
Pero si algo quedó ya ayer claro en la primera sesión es que las cifras no sirven para cuantificar el hecho. Si bien el editor Pere Vicens, presidente del comité organizador, cuantificó en un 3,1% la población activa europea destinada al sector, que genera el 2,6% del PIB de la Unión Europea -"superior al sector inmobiliario, del 2,1%"-, el peso de la cultura va más allá. "Su impacto en la sociedad afecta en el sentido de valores y eso no siempre se puede traducir en cifras", afirmó Sylvain Pasqua, responsable de Industrias Creativas de la Comisión Europea. Tampoco hay modelos a seguir: "Hay que destacar en lo que se es único, y luego ver cómo vincularlo con los demás", afirmó.
El presidente honorario de Criteria CaixaCorp, Ricard Fornesa, más optimista con el PIB cultural europeo y sus servicios (7%), recalcó la necesidad de "proteger la titularidad de los derechos culturales", aspecto en el que coincidió Ferran Mascarell, ex consejero de Cultura de la Generalitat y actual consejero delegado de RBA Holding: "La cultura, como ornamento de la política, se ha acabado; con lo que se está invirtiendo en aplacar la crisis, ya no me creo que no hay dinero para la cultura y la educación".

lunes, 23 de marzo de 2009

¿Es la cultura un sector como los demás?

La recesión económica está afectando de manera profunda al mecenazgo y a las donaciones privadas. Tanto los poderes públicos como los artistas tendrán que hacer ajustes y afrontar las nuevas circunstancias

http://www.elpais.com/JAIME OTERO ROTH 23/03/2009

La recesión afecta también al sector de la cultura. Mientras que la demanda de bienes y servicios culturales registra descensos en la mayoría de los países industrializados, la pérdida de valor de los activos financieros afecta al mecenazgo y las donaciones privadas al tercer sector. Museos, teatros y festivales cancelan producciones y ajustan plantillas. El Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles ha estado a punto de cerrar o fusionarse con otro museo. El Rose Art Museum quizá tenga que vender su colección para salvar las cuentas de la Universidad de Brandeis (Nueva Inglaterra). En diciembre, la Ópera de Baltimore se declaró en bancarrota.

La noticia en otros webs

Museos, teatros y festivales cancelan producciones y ajustan plantillas

Los más optimistas ven en esta crisis una ocasión para la innovación y las reformas estructurales

Los grupos de presión se han movilizado. Durante el paso por las Cámaras del primer paquete de medidas de estímulo del presidente Obama, pidieron un significativo apoyo a las artes. Una campaña reunió firmas para asignar el 1% de los fondos a la cultura (lo que hubiera supuesto una cantidad de 7.870 millones de dólares) alegando los efectos positivos de los programas WPA (Works Progress Administration) del presidente Roosevelt en la década de 1930, que incluyeron también ayudas para artistas. Otra iniciativa promueve la creación de un departamento federal de Cultura de rango ministerial.

Finalmente, las asignaciones tuvieron que sufrir recortes para recibir el necesario apoyo parlamentario. El National Endowment for the Arts (agencia creada por el presidente Johnson en 1965) recibirá 50 millones de dólares adicionales, lo que aumenta su presupuesto en más de un tercio, pero la Smithsonian Institution sólo dispondrá de 25 millones de dólares, lejos de los 150 inicialmente propuestos. Al aprobarse, de vuelta en la Cámara de Representantes, la Ley de Recuperación y Reinversión, el congresista demócrata David Obey ha recordado que 5,7 millones de personas trabajan en la industria de la cultura y que sufren un desempleo del 15%.

Tampoco hay, por el momento, incentivos suplementarios al patrocinio privado, aunque ya es evidente que la crisis está afectando negativamente a la filantropía. Los senadores Grassley (republicano) y Bingaman (demócrata) intentaron sin éxito introducir medidas para ayudar a fundaciones acreedoras de administraciones públicas que se retrasan en sus pagos o para mejorar la fiscalidad de donaciones corporativas y organizaciones sin ánimo de lucro. Algunos advierten que si se congelan o reducen los salarios de los altos ejecutivos, una de las mayores fuentes de donaciones individuales probablemente se resentirá. Aunque en las encuestas la mayoría de los donantes asegure que la fiscalidad no influye en sus decisiones, está por ver si la crisis les impulsarán a mantener o aumentar sus aportaciones.

Otra cuestión es el destino de esas donaciones. Los expertos en marketing aseguran que el atractivo del patrocinio en deporte y cultura orientado al negocio seguirá siendo alto para las empresas, pero cuando aumentan las necesidades básicas el gasto en cultura puede parecer superfluo. En 2007 crecieron en EE UU las donaciones destinadas al medio ambiente, ciencia y tecnología y acción social mientras que se redujeron ligeramente las donaciones en cultura y asuntos internacionales; educación y salud siguieron siendo su principal destino. Esta tendencia concuerda con experiencias como las de Caja Navarra, en España, que al someter el empleo de su obra social a la opinión de sus clientes ha comprobado que crecen las preferencias hacia la salud, el medio ambiente o las discapacidades y bajan las de cultura, ocio o deporte.

Doble crisis, por tanto, para las artes: la misma que afecta a todos, y la derivada de la percepción de la cultura como una prioridad secundaria tras otras necesidades más urgentes. Los defensores de las ayudas federales a la cultura argumentan que las artes contribuyen a la economía generando renta y empleo (no sólo de artistas, sino también de electricistas o carpinteros) y adicionalmente a través del fomento del turismo. Docenas de estudios sobre el impacto de las inversiones en cultura en distintas comunidades (ciudades, condados, Estados) respaldan este argumento. Lo mismo puede decirse del sector exterior: la atracción del turismo internacional depende en buena medida de la efervescencia cultural de las grandes capitales, y la reputación artística de un país impregna sus productos de exportación. Las propias exportaciones culturales representan una fuente de ingresos nada desdeñable, como prueba la posición de Hollywood en la balanza externa de EE UU.

Entonces, ¿es el sector de la cultura un sector especial que merece recibir ayudas o estímulos públicos? Quizá no tanto en lo segundo (al fin y al cabo, Hollywood siguió generando enormes beneficios en 2008), pero en lo primero parece todo el mundo, quién más y quién menos, estar de acuerdo. En The Wall Street Journal, el crítico Greg Sandow reclama mejores argumentos para el arte, que tendrán que venir "del propio arte, de los beneficios que aporta el arte, en un mundo en el que la cultura popular -que se ha vuelto inteligente y seria- también contribuye a dar profundidad y sentido a nuestras vidas". Michael Kaiser, presidente del John F. Kennedy Center for the Performing Arts, advierte en The New York Times que esta "tormenta perfecta" ya ha debilitado "el ecosistema artístico nacional" y que "estamos perdiendo la inspiración que necesitamos más que nunca. Cuando intentamos reconstruir la imagen de EE UU en el mundo, estamos perdiendo nuestros embajadores de buena voluntad más eficaces".

Para los más optimistas, esta crisis debe interpretarse como una ocasión para la innovación y las reformas estructurales. Como en EE UU, es probable que en España el paisaje haya cambiado después de la batalla de la recuperación económica, pero las condiciones que hacen a las artes necesarias en una sociedad democrática y aconsejan que el Gobierno tenga un papel en la cultura se mantendrán. Junto con la educación y la investigación, las artes se han revelado como uno de los componentes de una economía basada en el conocimiento y la creatividad: la economía a la que nos encaminamos o deberíamos encaminarnos. No deben olvidarse los activos intangibles que proporciona el sector cultural en términos de imagen exterior. Después de dos décadas de internacionalización con éxito de muchas empresas españolas de distintos sectores, empieza a anunciarse la salida al exterior de lo que podrían ser otros motores del desarrollo económico en el futuro: la música, el cine, el libro, las artes plásticas, el diseño, la arquitectura, los servicios educativos, los medios de comunicación. Algunas de estas industrias atraviesan un momento crítico de adaptación a las nuevas tecnologías, caracterizado por la capacidad sin límites de Internet y por la falta de una regulación internacional en materia de propiedad intelectual.

Tanto los poderes públicos como el sector cultural tendrán que realizar ajustes para hacer frente a las circunstancias. El Gobierno deberá tener en consideración el papel social de la cultura y su potencial económico e incluirla en sus esfuerzos por la innovación. Será conveniente proporcionar a las empresas culturales, en su mayoría pequeñas o medianas, posibilidades de incubación y respaldo en su salida al exterior, y propiciar que crezcan en tamaño. Reforzar la educación artística es crucial a medio plazo para establecer las condiciones adecuadas para la creación. Mejorar la fiscalidad de las fundaciones y el mecenazgo ensancharía los cauces a la participación privada en la financiación de la cultura. El entorno normativo debe procurar que sean sostenibles las organizaciones culturales que demuestren su utilidad social. Las buenas prácticas culturales, ya introducidas por algunas administraciones públicas españolas, han probado en otros países su pertinencia como una garantía más -nunca perfecta- de la neutralidad del gestor de los fondos públicos y de la autonomía del creador. Por su parte, los artistas y las organizaciones culturales tendrán que aplicarse en mejorar su transparencia, calidad y eficacia, y en adaptar su oferta al mercado global.

¿Merece el sector de la cultura una protección especial? Argumentos hay a favor y en contra. Lo que parece cierto es que, ni por su peso económico ni por su valor simbólico, debiera ser (negativamente) discriminado.

Jaime Otero Roth es investigador principal del área de Lengua y Cultura del Real Instituto Elcano.

domingo, 8 de febrero de 2009

ENTREVISTA A GÉRARD MORTIER

"La ópera, si es buena, debe ser siempre transgresora"
EL PAÍS.COM/JESÚS RUIZ MANTILLA 08/02/2009


El nombre de Gérard Mortier ha ido unido a un cambio radical en la ópera y la gestión cultural. A partir de 2010 desembarca en España para dirigir el Teatro Real.
No ha dirigido en escena, jamás ha cantado ni se ha puesto al frente de una orquesta. Pero igual que la historia de la ópera de los últimos 50 años no se concibe sin Maria Callas, la del presente, surgida a caballo entre el final del siglo XX y principios del XXI, no sería igual sin otro nombre: Gérard Mortier.

Gérard Mortier
A FONDO
Nacimiento: 25-11-1943
Lugar: Gante
Teatro Real
A FONDO
Sede: Madrid (España)
Directivo: Miguel Muñiz (Director Gerente)

La noticia en otros webs
webs en español
en otros idiomas

Este gran gestor cultural, nacido en Gante (Bélgica) hace 65 años, ha marcado desde el buen gusto un espíritu incansablemente transgresor que le ha dado a partes iguales tanta gloria como escándalos y la aparente tranquilidad de sus despachos, un antes y un después en las páginas de este arte mayúsculo.

En enero de 2010, Mortier llegará a Madrid para dirigir el Teatro Real, aunque ya ha comenzado a fondo sus clases de español. "Todavía me lío con los verbos", dice, "puedo pedir un café en el aeropuerto, pero comunicarme con el público... aún no". Eso es algo que él considera fundamental. Dominar la lengua para hacer cierto apostolado. No hay más que verle preguntar e indagar junto al compositor Philippe Boesmans y otros artistas de la ópera Yvonne, princesse de Bourgogne - que actualmente se representa en la Bastilla- como a este hombre le gusta batirse en la arena. Como le apasiona convencer, practicar la provocación intelectual, esa costumbre tan sana que aprendió con los jesuitas en Flandes, donde se crió cerca de los muelles, procedente de una familia obrera.

El nuevo rumbo que quiere marcar en el Real traerá cola. Polémicas. Entregas y rechazos. Pataletas de los sectores más reacios a nuevas propuestas y aplausos de otros muchos. Mortier jugará duro y desmontará verdades instaladas. Cree con la misma convicción que Lou Reed es más importante para la cultura actual que Pavarotti. O que Pedro Almodóvar es un Verdi de nuestro tiempo. Le tentará. También aumentará el repertorio contemporáneo y hará propuestas para atraer nuevos públicos.

Todavía es pronto para que suelte prenda, pero anda dándole vueltas ya a proyectos importantes. Una cosa es segura. Llega más sosegado que cuando desembarcó en Salzburgo en 1991 desde La Monee de Bruselas para sustituir a Herbert von Karajan al frente del festival. Allí, nada más instalarse realizó una declaración de guerra: colgó el retrato de un iconoclasta como Thomas Bernhard -el escritor que con más crudeza ha desgranado las miserias del alma austriaca- en mitad del despacho y la emprendió a mandobles con las vacas sagradas.

Los resultados pronto empezaron a dar frutos. Acabó con la tiranía de los divos enfrentándose a Jesse Norman, Pavarotti o Carreras. Puso pilas a la comodidad en la que se había instalado una esclerótica Filarmónica de Viena y bajó los humos a directores musicales como Claudio Abbado o Riccardo Muti, con los que luego ha terminado arreglándose. Así trastocó todo el equilibrio y el statu quo de un arte que envejecía sin remisión. Dio el mando a los directores de escena más arriesgados de su tiempo, desde Herbert Wernicke hasta Patrice Chéreau, Luc Bondy, Klaus Maria Grüber o la Fura dels Baus, y, cómo no, a los gestores, que hoy lo conservan. Pero fue una cuenta necesaria porque el público rejuveneció y acudió en masa a llenar las localidades con otro aire.

En París ha seguido su manual desde que apareció en 2001 como director delegado. Lo ha hecho con tanto éxito como irritación por parte del público, y nunca se sabrá lo que hubiera podido aportar en Estados Unidos, donde renunció a dirigir la New York City Opera en noviembre pasado para fortuna del Real. Aquella dimisión fue la que hizo que la plaza madrileña le tentara, y su designación, casi inmediata, fue pan comido.

Ahora, tras las negociaciones, las idas y venidas y demás trasiegos, confiesa que aceptó por una razón tan caprichosa como convincente: "Si me hubiera ido a Berlín ya sabía lo que me iba a encontrar. Pero justo cuando tengo 65 años y en lo que debería pensar es en retirarme me he dejado llevar por la curiosidad. Elegí ir al lugar del que no conocía muchas cosas. Por eso quería trabajar en España. Para aprender todo lo que pueda de esta nueva experiencia". Como las paredes de sus despachos hablan, ya hay rastro en el que actualmente ocupa en la Ópera de París de su nueva pasión hispánica. Junto a Mozart y un busto de Beethoven, Mortier ha colgado un inquietante capricho de Goya. "Siempre me ha fascinado", asegura.

¿Prosperando con sus clases de español...? Es una lengua bellísima. Me costará todavía dominarlo para comunicarme con el público, pero con tiempo... Me voy de París en junio, antes me enfrento a un final de temporada intenso.

¿Cómo piensa despedirse? Pues tenemos la Lady Macbeth de Mzensk (Shostakovich), una gran producción que espero llevar a Madrid con Eva Maria Westbroek, para mí la gran soprano dramática del presente. También hemos hecho el estreno mundial de Yvonne, princesse de Bourgogne, del compositor belga Philippe Boesmans, basada en un texto de Gombrowicz con montaje de Luc Bondy. Y para el final he pedido a Anselm Kiefer, el gran artista, que prepare una gran instalación en la que Isabelle Huppert recitará pasajes de Isaías de la Biblia.

Inventando. Claro, porque creo que incluso el propio repertorio es pequeño. Hay que crear ideas que aúnen el repertorio con los intérpretes y quienes van a ponerlo en práctica. Es una cuestión más química que otra cosa. Siempre. No sirve decir que vas a convencer a un cineasta para hacer una ópera; es necesario saber qué título en concreto. No todos valen para cualquier opción. Muchas cosas se hacen sólo para llamar la atención y no se conciben para ver cómo funcionaría cada propuesta en su más profunda dimensión.

Con esas premisas, ¿ha elegido ya la ópera que quiere proponerle a Almodóvar? No, no. Todavía no. No creo que tenga posibilidades de convencerle por el momento, aunque lo intentaré. Hace tiempo quise que hiciera Don Giovanni, cuando estaba en Salzburgo. Ahora, conociendo mejor su trabajo, creo que haría bien cualquier pieza loca de Verdi. No con cantantes de la vieja escuela, sino con cantantes muy modernos.

Es una pena que usted y Puccini no se lleven bien, porque Almodóvar lo bordaría. Podría, podría... Un gran Gianni Schichi, ¿por qué no?

¿Ya ha escogido un escritor español para colocar en su despacho del Teatro Real? Me refiero, al igual que puso a Thomas Bernhard en Salzburgo... Bueno, aquello fue algo especial.

¿Una cuestión de principios? Eso es. Fue una cuestión de principios, aunque algunos críticos lo consideraron una mascarada, pero no era cuestión de discutirlo con nadie. En Madrid no querría hacer algo tan polémico. Pero si lo hiciera, me atrae mucho Lorca. Aunque estoy esperando para poder leerlo a fondo en español. Hay otros escritores hispanos, no necesariamente españoles, que me gustan muchísimo: desde Vargas Llosa hasta Carlos Fuentes y Julio Cortázar, aunque a quien adoro es a Octavio Paz.

Lorca sería una buena elección porque, así como Thomas Bernhard retrató la oscuridad del alma austriaca, Federico todavía pesa sobre la conciencia de los españoles. Más cuando hoy no se sabe con seguridad ni dónde está su cadáver. Lo sé, lo sé. Sé que se han compuesto óperas sobre algunas de sus obras de teatro. Una Yerma que ha hecho Villalobos, por ejemplo. No la conozco. Es muy difícil trasladar la gran literatura a la música, pero, bueno. Tendré que ver...

¿Cuál será su proyecto? Es muy pronto todavía. Por ahora no tengo un proyecto. Lo que tengo son mis convicciones, mis principios sobre cómo debe dirigirse un gran teatro de ópera.
Vino a decir cuando llegó a Salzburgo que aquélla era una ciudad dominada por la Iglesia, los turistas y los taxistas. No se haga ilusiones: en Madrid no se va a encontrar algo muy distinto en estos tiempos. ¿Ah sí? No sé. Por el momento, me gusta la ciudad. No soy un mediterráneo, soy un hombre del norte. Y de alguna manera me atrae esa rigidez madrileña y castellana. Se parece algo a Flandes.

Hay que encontrar conexiones, aunque sea a través de Carlos V. Pues sí. Están esas cosas, pero si ahondamos en Flandes, después descubrimos Brueghel, El Bosco, la exuberancia de los flamencos y sé que en Madrid encontraré algo parecido. Después está mi educación con los jesuitas. En san Ignacio de Loyola vemos esa formalidad, pero también una extravagancia impresionante. Hay que dejar claro que existe una gran diferencia entre la Iglesia católica y los jesuitas. Yo aprendí grandes cosas con ellos.

Por ejemplo... El pensamiento dialéctico. Enfrentar nuestras ideas a todo tipo de preguntas. Confrontarlas. Estudiábamos a Sartre, a Nietzsche, a Büchner, en los años sesenta. Eran muy avanzados. Lo más importante de todo en la vida es no ser dogmático, y a eso me enseñaron los jesuitas. Una cosa es tener convicciones, y otra, dogmas. Hay una gran diferencia.

Le va a venir bien ese pensamiento dialéctico. Ya hay mucha gente que critica su nombramiento. Aunque para alguien que se ha enfrentado a la Filarmónica de Viena, a los grandes divos, a las discográficas, será fácil convencerles. El hecho de que haya sectores críticos con mis propuestas es normal. Y me gusta. No hay críticas sin ideas. Es sano. Lo que no me gusta es que los argumentos que se empleen no sean serios.

Es que me parece que hablamos más de prejuicios que de críticas propiamente dichas. Me temo. De todos los prejuicios que se esgrimen contra usted, ¿cuál es su favorito? En París y Salzburgo me ha pasado igual. Uno de los que más gracia me hacen es el de que mi prioridad en la ópera no es la música, sino la escena. Lo primero que haré será trabajar con la orquesta y el coro a fondo para mejorar su calidad. Siento que están muy motivados para ello. En todas partes he hecho lo mismo. Y es una labor que quiero coordinar con el actual director musical, Jesús López Cobos, con quien me llevo muy bien. Empezaremos por ver los salarios. En el Liceo y en la Orquesta Nacional están mejor pagados. Es difícil contar con una orquesta de primera cuando no se les paga bien.

Cuando se miran sus batallas en otros lugares se aprecia que siempre ha tenido conflictos con músicos, pero jamás con directores de escena. Por eso a lo mejor la gente se confunde. Bueno, he tenido conflictos con varios de ellos. En Salzburgo fueron pocos por una razón muy simple. No existían como se les considera ahora. Eran muy poco importantes. Con los cantantes ha habido algunos.

Con grandes divos, sobre todo. Muy pocos. Pero seguirán surgiendo con algunos, como Marcelo Álvarez. Ha dicho que no quiere cantar conmigo en Madrid y estoy encantado. Lo único que le interesa son sus negocios en Milán, es muy mal compañero, por mí no hay problema. No se le puede comparar con otros como Ben Heppner o Juan Diego Flórez, con quien no he trabajado nunca, pero que me resulta muy aristocrático en escena, al estilo de Kraus. Le diré que es cierto que tuve mis diferencias con José Carreras, pero nunca con Alfredo Kraus. Puedo trabajar con grandes cantantes. Y de los directores musicales...

¿Vendrán a Madrid grandes directores musicales? Eso espero. Con Riccardo Muti también tuve mis diferencias, pero nos reconciliamos al irme de Salzburgo, y le invitaré a Madrid. Pero necesitamos directores que trabajen a tiempo completo con la orquesta al principio.

De aquellas guerras está claro que algo cambió en la ópera para siempre. Por supuesto.

Con eso llegó un nuevo equilibrio de poder. El de la escena y el de los despachos. Déjeme explicar lo que creo de eso. Cuando hacemos óperas no nos explicamos como individuos, sino que exponemos una idea y nos acercamos a fondo a la raíz de una obra maestra. No crea que eso lo acepta mucha gente. Por ejemplo. Si decido representar una ópera de Rossini, un gran compositor, revolucionario en su época, como Il turco en Italia, me gusta confrontarla con Fidelio, de Beethoven. Las dos se compusieron al tiempo. Pero Beethoven hablaba de un mundo mejor, y Rossini se limitaba a darnos placer tras las guerras napoleónicas. En ese contexto hay diferencias.

¿Pero acaso existe algo más revolucionario en países como España, o de gran peso católico, como el placer? ¿No deberíamos darle una oportunidad transgresora al placer? Bien, bien. Pero no de forma simplona. Hoy la gente no disfruta del placer así, me temo.

Hay un camino hacia la utopía basado en el placer, predicaba Epicuro. Debemos abordarlo de manera existencial. En España, pese a la dominación católica, existe un periodo que me fascina, el de la coexistencia de tres religiones. Duró casi 500 años y eso es muy fascinante.

Probablemente, rascando, eso forme parte de nuestra identidad de manera decisiva. Por supuesto, es una de sus grandes cualidades como país. Y es algo que más arriba de los Pirineos se desconoce. Por eso me gusta estar estudiando la historia de España. Como los vínculos con América Latina, que es algo que los franceses no tienen, ni los alemanes.

Pensando en lo que es el concepto de cultura hoy, el término en Europa, que tuvo su vertiente francesa y alemana muy poderosa, está dominado ahora por lo anglosajón. Quizá un poder que venga del sur lo reequilibre. ¿Puede ser un poder latino? Si tiene que ser un poder latino, vendrá sobre todo de España. No de Italia. Italia ha perdido su peso en la cultura. En gran parte porque ellos mismos se han dejado invadir por lo anglosajón. España, no tanto. Si caminas por Madrid, es de las pocas capitales en las que las grandes marcas mundiales no están colocadas una detrás de otra. Muy llamativo.

A no ser que vaya usted a las afueras... ¡Ah! ¿Entonces la invasión se nota en las afueras? El hecho de que el centro no haya sucumbido le da una fuerza, un carácter. Para eso estudio también. Para entender el carácter. En cuanto crea haber captado eso, empezaré a programar, a proponer. Creo que en Europa la gente no comprende bien ese carácter, esa personalidad española. En París me pasó con la concepción de Centroeuropa. Los franceses la desconocen y he trabajado a fondo para acercarla. Si Europa no ha triunfado como idea todavía es porque no nos conocemos entre nosotros.

¿Europa es su obsesión? Sí, es mi obsesión política. Si la tengo es porque creo que es la única salida que tenemos para sobrevivir en este mundo. Me ha parecido esperanzador que en los últimos días haya sido Europa quien haya encontrado cierta salida para el conflicto de Gaza. Respecto al mundo árabe, España tiene mucho que decir. Convivieron juntos muchos siglos.
Ya, pero aquello acabó y todo quedó nublado por una tremenda fuerza oscurantista que en muchos aspectos subsiste. Le aviso. Ya, y yo no puedo cambiar eso, aunque puedo aportar algo de luz con mi trabajo. Yendo también a sus raíces, a sus herencias. Desde el teatro musical español, la zarzuela, hasta el flamenco.

¿La ópera es eso? ¿Luz? ¿Qué puede enseñarnos la ópera en estos tiempos? Yo creo que vivimos en una época en la que las relaciones no son excitantes por ausencia de contacto físico. Se hacen principalmente por Internet, virtuales. La gente se relaciona en clubes en los que nunca se ve. Pero sabemos que la amistad consiste en apretarse las manos primero y luego mirarse a los ojos. Los grandes sentimientos se han convertido en algo virtual, como el dinero. ¿Existe todo el dinero que tenemos? ¿Y estos sentimientos los experimentamos? Necesitamos el contacto físico. Por eso la ópera, mediante el canto que es la expresión del alma, puede devolvernos el poder de una sensibilidad perdida. El poder de la pasión, la excitación de los violines. Cada cantante es Orfeo, el símbolo mitológico, preparado para pasar a la otra dimensión para recuperar a Eurídice. Atraviesa el río de la muerte para conseguirla de nuevo. Es un viaje transgresor, y la ópera, si es buena, debe ser siempre transgresora. Te trasladas a otro mundo, y esa provocación tiene hoy más sentido que nunca. Me da miedo el mundo virtual. No tocar a tus amigos, no pelearte con ellos, no reír.

Observo que en su despacho ni siquiera tiene instalado un ordenador. Pero eso es para que me filtren los correos. Aunque le diré que los ordenadores nos hacen ganar tiempo en la misma medida que nos lo hacen perder. Eso es.

¿Podemos vivir sin ellos? Podemos. No quiere decir que esté en contra de la tecnología ni el progreso. Adoro a Leonardo da Vinci, a Einstein, pero cada invento tiene ventajas y desventajas.

Provocación y transgresión como puntos de partida. Pero ¿no cree que ambas cosas andan de capa caída? ¿Por qué?
Porque nos hemos vuelto demasiado cómodos. Bien. Pero precisamente por eso estamos obligados a practicarlas, ambas. Más cuando tenemos retos por delante como los que tenemos. ¿Qué ha sido derrotado al final, el marxismo o el capitalismo? ¿Qué pasa con la ciencia, el cambio climático, las tecnologías? Somos partícipes de esos cambios. El centro de poder se mueve de Occidente a Asia. Nada está arreglado ni solucionado, el mundo está en permanente cambio, en constante convulsión. Debemos implicarnos en todo eso. Ser conscientes de que vivimos en una época crucial, muy importante. Nosotros no vamos a ser decisivos en ello, pero podemos ayudar a concienciar, a reflexionar sobre todo eso desde un teatro de ópera. Sin imponer nada. No puedo soportar a aquellos que andan convencidos de que portan la verdad.

Hay que esconderse de ellos. Como quizá de otras cosas, como la industria discográfica, que usted azuzó de lo lindo en Salzburgo. ¿Ya no están en posición de imponer? Es más. Ya no existen, se han hundido por hacer las cosas mal. Salvo las pequeñas e independientes. Las que tienen una visión. Han sobrevivido. Un disco, de todas formas, es un gran invento. Pero para estudiar. Un disco es una fotocopia, y un DVD, un documento. Hay que darles cierta importancia, pero no más.

La experiencia es lo que cuenta. El contacto con la emoción. Exactamente. Como ahora esa moda de llevar la ópera al cine. Necesitas la emoción en directo. Me interesa la pregunta lanzada por Woody Allen en La rosa púrpura de El Cairo, cuando un personaje salta de la pantalla a la vida real.

¿Dónde están ahora las presiones en el mundo de la ópera? Pues en profetas falsos que dicen que se debe acercar la ópera a nuevos públicos yendo al cine a ver una Madama Butterfly del Metropolitan. Primero, es muy peligroso porque promociona cosas anticuadas. Lo que hace el Metropolitan ojalá desaparezca. Pero para que la ópera triunfe en el cine necesitas también éxitos de taquilla y todo queda en moda, imagen. No hay sentimiento, alma, nada auténtico. Me opongo radicalmente a eso. En una reciente entrevista en Le Monde me dijeron: "Se sube usted demasiado tarde a este tren". Yo les dije que nada de eso. Que lo que pasa es que no quería montar, sencillamente. ¡Menos mal que el tren se ha largado sin mí! Por supuesto, hay excepciones. Una apertura de temporada, cosas así.

En el Real se ha hecho alguna vez en la plaza de Oriente, con una pantalla. Ya, pero es que yo tengo otros planes. ¿Por qué no hacer alguna función en la plaza misma? O en El Escorial...

Dicen que llegará a Madrid pacíficamente, no con el hacha levantada. ¿Está más calmado que cuando llegó a Salzburgo? Bastante más. En Salzburgo debía causar un shock. Madrid es diferente. En Madrid debo convencer al público que ya existe para que se adentre en otras cosas y animar a quien no va para que se acerque. A la juventud, sobre todo. Ésa ha sido siempre mi fuerza, el público joven. Debo ir con cuidado, con tacto.

Pero es que a muchos nos gusta el Mortier guerrero. Ya, bien. Pero es que, más que vencer en la batalla, primero hay que saber cómo ganarla. Eso sólo puede ser conociendo las cosas a fondo, no como los estadounidenses en Irak, a las bravas. Me arriesgo, a mi edad, y me sigue gustando pelear.

¿Ha sido usted un intruso en un mundo al que no pertenecía por sus orígenes humildes? El mundo de la ópera siempre ha sido glamouroso, pero a la clase obrera le ha gustado mucho porque también es popular. La grandeza de Almodóvar, porque yo creo que él es un Verdi de nuestra época, es porque consigue conmover a todos. Sin diferencias sociales. Además, Beethoven, Mozart, tampoco pertenecían a ese mundo.

No es cuestión de clases diferenciadas económicamente, pero sí de clases emocionales, sentimentales, sensoriales. En la ópera conviven ambos. Entran quienes necesitan aparentar su posición y quienes buscan una experiencia interior intensa, verdadera. Necesitamos que sean esos quienes se puedan permitir la experiencia.

Por eso también hay que diferenciar lo que usted ha separado entre cultura popular y cultura populista. ¿Siguen mezclándose los términos? Si hablamos de música, hay que diferenciar entre puro entretenimiento y gran arte. Lo que distingue a Bob Dylan, Jacques Brel y Sarah Vaughan de las Spice Girls y esa basura. Pero es que hay basura también en la ópera, que quede claro.
Pues los primeros a los que se debe convencer es a muchos compositores contemporáneos. Deben saber que, como usted decía, Lou Reed tiene más que aportar al mundo que Pavarotti. Cierto, cierto. Con la música contemporánea hay un gran problema. Hay que terminar con el dogmatismo en ese campo. No me interesa cuando éste se impone.

¿Necesitan un baño de eclecticismo? El mundo es ecléctico. No nos interesan las escuelas en solitario. Nos interesa quien sea capaz de contar una historia utilizando lo mejor de cada una de esas escuelas, mezclándolas, conociéndolas sin empeñarse en andar sólo un camino.

martes, 3 de febrero de 2009

ENTREVISTA A JESÚS CIMARRO

"Este negocio tiene más riesgo que la Bolsa"

El productor teatral ha subido al escenario más de 100 montajes

El País/ FERNANDO NEIRA - Madrid - 03/02/2009

-¿En lo suyo hace falta saber más de negocios o de teatro?

-De las dos cosas. Y de psicología.

Jesús Cimarro no es vanidoso, pero le gusta presumir de cintura. Comenzó a trabajar a los 15 años y con la mayoría de edad fundó su primera empresa de producción teatral. Hoy tiene 43, lo que significa que ha lidiado con centenares de iluminadores, tramoyistas, escenógrafos y, sobre todo, actores y actrices. Y ha salido airoso. "Nuestra materia prima son las personas. Los artistas son un colectivo atípico y susceptible a las fricciones, pero si prevalece el respeto todo acaba saliendo bien", resume.

Fernando Chinarro, gran secundario de toda la vida, dijo de él que era "un jefe inflexible, pero cercano". El destinatario de esas palabras tiene la cita marcada con un post-it en una mesa amplia y aseada, de hombre metódico. Cimarro es un tipo menudo, de mirada vivaracha y curiosa. En lo rápido que contesta se le nota la mucha costumbre que acumula en esto de mandar.

Para su productora actual, Pentación, trabaja más de un centenar de profesionales, responsables de alimentar montajes como Sonata de otoño, Noviembre, Seis clases de baile en seis semanas o Don Juan, el burlador de Sevilla. Dirige el teatro Bellas Artes, preside la Asociación de Productores de Madrid y presume de que su Manual de producción, gestión y distribución del teatro anda por la tercera edición. Parece que encuentra tiempo para dormir a diario, aunque no siempre a pierna suelta. "En ocasiones me ha asaltado el vértigo, sí. He padecido agujeros económicos. Cuando un espectáculo no funciona se pierde mucho, mucho dinero. Pero yo he pagado siempre, aunque me haya tenido que pelear con los bancos para conseguir los préstamos".

Tiene un despacho cuadrado, diáfano, con vistas a la calle de Fuencarral y a la Gran Vía. El emplazamiento no puede ser casual: siempre le gustó estar en el ajo. "De joven ejercía como periodista en mi pueblo, Ermua, en Vizcaya. Las cosas no eran nada sencillas en aquellos años 80, pero yo ya entonces las tenía tiesas con los de Herri Batasuna". Admite un prurito de vocación política que aún no ha podido saciar, y sólo se le descubre titubear cuando se le pregunta si un gran cuadro con una rosa como elemento central encierra una subrepticia filiación socialista. "Eh, no, no", balbucea, "pero los políticos me parecen gente loable, por muy vapuleada que esté esa profesión. Me han tanteado alguna vez, y llegué a pensar si no tendría que replantearme mi vida...".

Mientras no cambie de tercio, lo suyo seguirá siendo nutrir la cartelera de propuestas teatrales. Acumula cerca de 110 en toda su trayectoria -media docena por año- y jura que nunca pretendió asumir un papel distinto al que le corresponde. "Jamás he sentido la tentación de ejercer como actor, director o escenógrafo. Quizás por eso me van bien las cosas. Respeto mucho el trabajo de mis colaboradores; ni siquiera asisto a los ensayos hasta que me lo piden". Prefiere quedarse en su silla haciendo números, trazando estrategias comerciales. Tragando saliva. "Es que este negocio tiene más riesgo que la Bolsa. Si no fuera así, los bancos se dedicarían a la producción teatral. Y ya ve: no es el caso".

Unos coloristas toros picassianos comprados a un amigo en Venezuela atienden a la conversación entre la mesa y los ventanales. Es la otra gran pasión de Cimarro, los viajes. "Nunca quise tener hijos, como opción de vida, y eso me ha permitido conocer mucho mundo con mis parejas. En las Islas Galápagos, Bariloche o Cartagena de Indias, en compañía de mi novia, he experimentado, siquiera fugazmente, la sensación de que nada me preocupe". Viajar sirve, además, para sacar conclusiones y sacudirse ciertos complejos. "Los de quienes piensan que Madrid es una ciudad poco teatrera, por ejemplo. Somos la quinta capital mundial del sector, muy por encima de Barcelona. Y si no lo creen, cojan el avión".

-Oiga, ¿y la crisis?

-¿Quiere saber la verdad? Estoy muy cansado de oír hablar de eso. En 2008 no he perdido público. Lo único es que los bancos me han rebajado las líneas de crédito.

Una cosa es cierta: al teatro, ese eterno enfermito con mala salud de hierro, no le atañe el top manta. "Con crisis o sin ella, la gente necesita salir de cosas y escuchar cosas interesantes, más allá de lo que se bajen por Internet o almacenen en el iPod", razona Cimarro. "Y nosotros, las gentes de la cultura y el entretenimiento, tenemos la obligación de transmitir optimismo".

Durante la charla ha silenciado el móvil, pero al otro lado de la puerta el trasiego es incesante. "Claro que me va la marcha", exclama con esa vivacidad que -rosas al margen- no le abandona. "Disfruto de este trabajo y, además, la competencia me pone. Siempre que sea leal, claro: utilizar pólvora del rey sí que me parece un problema".

Ah, las célebres injerencias del teatro público. "He tenido ofertas de ese sector", corrobora, "pero seguiré diciendo que no". ¿Aunque viviera más tranquilo? "Aun así". Y ofrece un argumento inapelable: "Soy mi propio jefe desde los 18 años. Hago, entre comillas, lo que me da la gana. Y esa sensación de libertad es tan grande, tan reconfortante, que seguiré pagando con gusto el precio que supone".

lunes, 19 de enero de 2009

Música global para el móvil

Los nuevos mercados y los nuevos medios centran el Midem de este año

El País//LINO PORTELA - Cannes - 19/01/2009

No se ven caras de preocupación en el Midem. Las sonrisas, los agasajos y las buenas maneras dominan la mayor feria de la industria musical del mundo que desde ayer y hasta el próximo martes de celebra en Cannes (Francia). Pero sí hay razones para la inquietud. Sobre todo en España y Francia, los dos países que en los últimos años más han sufrido una pérdida de mercado de la industria musical en Europa. O lo que es lo mismo, los dos países donde más música se descarga sin pagar derechos de autor, más allá de que algunos lo consideren legal o ilegal. Un reciente informe de la Federación Internacional de la Industria Discográfica (IFPI) reflejaba el triste horizonte español: sólo un artista español nuevo se cuela de vez en cuando en la lista de los primeros cincuenta álbumes más vendidos del mundo.

En la feria se habla sobre todo de financiar descargas con publicidad

Ayer se presentó el primer disco 'web' en la historia de la música española

Pero al Midem no se viene a lamentarse. Sino a trabajar y "hacer negocios", como declaraba días antes Eduardo Bautista, presidente de la Sociedad General de Autores de España (SGAE), que este año en Cannes aglutina, a través de Sound Of Spain, a más de 41 empresas a la búsqueda de soluciones. En ese marco se presentó ayer el primer disco en formato web en la historia de la música española. Se trata de En plena luz, de Erizo, y su lanzamiento corre a cargo de la Sociedad Digital de Autores y Editores (SDAE), que aglutina y distribuye uno de los mayores catálogos musicales en español.

Pero, ¿qué es el Midem? Sus siglas corresponden a las de la feria del Mercado Internacional del Disco y de la Edición musical. Se celebra en el mismo palacio de congresos donde se ubica el festival de cine de Cannes y es el tablero de juego en el que representantes de músicos, discográficas, promotores y distribuidoras de todo el mundo -este año participan 88 países- tratan de hacer negocio. Con nuevas vías como Internet o el móvil. Un ejemplo: en esta feria, una discográfica canaria es capaz de encontrar a alguien que distribuya su catálogo de discos en Hungría, Tailandia o Rusia, que este año es el país principal. Tres días. Diez horas diarias. "Antes eran dos entendidos los que se sentaban frente a frente con un estéreo escupiendo música. Ahora lo hacen frente a un ordenador y hablan de servicios de descargas financiados por publicidad". Lo cuenta Mario Rigote, responsable de Central Digital, la empresa de la SGAE que con 100.000 canciones y 70 clientes acaban de firmar un acuerdo para toda Europa para concentrar en una plataforma todo el entramado de contenidos (grabaciones) y derechos (propiedad intelectual) en Internet.

Mucho más rudimentario parecía Donovan el cantautor folk de los 60, que a escasos 20 metros de las múltiples negociaciones de la industria espera a que Christine Albanel, ministra de cultura francesa le entregase un premio al mérito de las artes y las letras. "No estoy nervioso", decía con sus ojos saltones, melena blanca y una casaca negra más sacada de los ochenta que de su época dorada. "Sí, que lo estás", le replica su mujer, Lisa. "Bueno, un poco. Nervioso y orgulloso por el reconocimiento", sonreía el autor, de 62 años. "La industria ha cambiado mucho. Y me parece bien Es normal. En los 60 soñábamos con un mundo intercomunicado y conectado entre sí. Y se reían de nosotros. Ahora esa es la realidad. Yo no suelo bajarme canciones", explica a EL PAÍS. "Pero lo hace mi nieto. Es normal que la gente se baje canciones sin pagar. Vale que se bajen una, no 5.000 como hacen muchos. Hay que dialogar", dice. Mientras recibe la medalla, el Midem se pone en marcha, más con la filosofía del magnate Onassis que con la de Donovan.

jueves, 8 de enero de 2009

El legendario teatro de variedades 'Wintergarten' baja el telón por quiebra

El Gran Harry Houdini actuó en este teatro alemán. (Foto: ELMUNDO)
Ampliar foto

El Gran Harry Houdini actuó en este teatro alemán. (Foto: ELMUNDO)

Actualizado jueves 08/01/2009 12:55 (CET)

Fuente: El Mundo :ÚRSULA MORENO JUNGLEWITZ (EFE)

BERLÍN.- El 'Wintergarten' berlinés, toda una institución que resucitó hace 17 años el teatro de variedades en el mejor estilo de los años 20, con acrobacias, música y baile, dejará caer el telón definitivamente el 31 de enero, víctima de la quiebra.

El teatro de la Potsdamer Strasse, famoso por sus espectáculos acrobáticos en un marco de reliquias circenses, no encontró respaldo por parte del Estado ni disposición en los acreedores para seguir financiándolo, según uno de sus fundadores, André Heller.

Cuando el domingo 31 de enero representen por última vez 'Orientalis' —hora y media de los más de mil sueños o 'magia de Oriente'- sus 68 empleados no serán los únicos en sentir un arrebato nostálgico.

Inge Jacobsen, que ha trabajado 10 años para el legendario teatro, explica que no acaba de creerse que "un lugar tan bonito, casi familiar" se vea abocado a la ruina, y lo achaca al "altísimo alquiler" y a la crisis económica, "que se ceba sobre todo en la cultura".

En sus años de éxito, el 'Wintergarten' del barrio de Schöneberg, en el oeste de la ciudad, era lugar de peregrinación obligada para muchos turistas, aunque fuera sólo para ver su fachada que, gracias a 2.000 bombillas, parece una feria en el oscuro Berlín.

Competencia, falta de subvenciones y crisis, motivos del cierre

Pero la falta de un público "maduro", unido a la creciente competencia de otros lugares como el teatro 'Friedrichstadtpalast' —conocido como 'El Broadway del Este'—, la falta de subvenciones públicas y los elevados costes de personal, unido a la crisis, se han traducido en su sentencia de muerte.

El Berlín que este 2009 celebra 20 años de la caída del Muro ha evolucionado de manera muy heterogénea y la Potsdamer Strasse, a esa altura del barrio de Schöneberg, no se ha beneficiado de ello. Muchos turistas prefieren disfrutar de un paseo por la 'Friedrichstrasse' (este) antes que perderse por el área del 'Wintergarten', en el oeste. Y no ven razón suficiente para gastar aquí los hasta 99 euros que costaba el menú acompañado de espectáculo durante el fin de semana (sin comida podía verse el 'show' por 25 euros).

Hace 17 años la cosa era bien distinta y el 'Wintergarten' contó con gran atractivo para los amantes del 'variété life'. Ésa fue la idea de sus fundadores, profesionales del mundo del espectáculo como Bernhard Paul, del Circo 'Roncalli', y el empresario de conciertos Peter Schwenkow, además de André Heller, cuya idea era la de despertar nuevamente "el gusto por el variété", en la mejor tradición del Berlín de los años 20 y 30.

Inicios dorados

Dicho y hecho. Durante los primeros años el Wintergarten recibió más de un millón de visitas, haciendo escuela en otras ciudades de Alemania, con una programación muy cuidada que cambiaba cuatro veces al año.

"Funcionaron muy bien los espectáculos 'Hotel California' y 'Furioso' el año pasado", explica Jacobsen, quien recuerda con cariño "al público hispanohablante".

El público, sin embargo, no bastó para revertir la tendencia deficitaria, que llevó al director Frank Reinhardt a declarar el pasado mes de junio la quiebra y a confirmar este jueves la decisión de los acreedores de no reflotar el teatro.

Reinhardt lamenta que el gobierno de la ciudad-estado de Berlín, magnánimo a la hora de cuidar sus atractivos culturales, no haya valorado la posibilidad de invertir también en esta casa, que recoge el legado del primer 'Wintergarten', el que fuera escenario de magos como el Gran Harry Houdini, y que antes contaba con algunas de sus "reliquias" en vitrinas.

martes, 19 de agosto de 2008

Innovación apoya más de 650 proyectos empresariales culturales a través del Programa Lunar en Andalucía

En el primer semestre de este año se ha impulsado la creación de 82 nuevas empresas creativo-culturales que han generado 114 puestos de trabajo

Andalucía, 19 de agosto de 2008



La Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa ha apoyado 655 proyectos empresariales creativo-culturales en los últimos dos años, desde que se pusiera en marcha el proyecto Lunar, el primer programa de apoyo integral a emprendedores de la industria creativo cultural andaluza.

En concreto, el programa ha impulsado iniciativas en las seis provincias andaluzas en las que opera: 103 en Cádiz, 34 en Córdoba, 98 en Granada, 54 en Huelva, 66 en Málaga y 300 en Sevilla. Estos resultados han llevado a la Consejería de Innovación a extender el proyecto Lunar a las provincias de Almería y Jaén, en las que entrará en funcionamiento en el último trimestre de este año, dando así cobertura a los emprendedores creativos de todo el territorio andaluz.

El proyecto Lunar refleja una nueva forma de hacer comunidad y trabaja para la creación, el desarrollo y la consolidación de empresas de base creativa desde el estudio y el análisis de esta emergente industria.

A través de este programa, Innovación ofrece a los emprendedores creativos servicios de consultoría especializada, jornadas formativas y de entrenamiento impartidas por expertos profesionales, ayuda en la elaboración de planes de negocios especializados, apoyo en el desarrollo de planes de acción para la búsqueda de nuevas oportunidades de negocio, asesoramiento técnico en la tramitación de documentos para la creación de empresas, búsqueda de vías de financiación, preincubación o incubación empresarial a través de la Red Territorial de Apoyo a Emprendedores, planes de lanzamiento, presentación de proyectos en espacios públicos-privados, networking (relaciones y contactos) y eventos sectoriales multidisciplinares, entre otros.

Resultados 2008

En el primer semestre de 2008, el programa Lunar ha contribuido a la creación de un total de 82 empresas creativo-culturales en las provincias en las que actúa (Cádiz, Córdoba, Málaga, Granada, Huelva y Sevilla), que han generado 144 nuevos puestos de trabajo. Además, el programa ha atendido a más de un millar de usuarios de toda Andalucía, ha formado a más de 300 emprendedores creativos y ha llevado a cabo un centenar de eventos de visualización de empresas a los que han acudido más de 13.000 personas.

Entre los eventos más importantes cabe destacar la presencia de proyecto Lunar en el ‘Festival SevillaFoto08’, con un collage comunitario en el que participaron más de 80 emprendedores y artistas y que reunió a 3.000 espectadores; la organización de una mesa redonda sobre ‘Alternativas Profesionales en las TIC’ en Granada; el ‘Encuentro Audiovisual para Emprendedores Creativos’ celebrado en Huelva; un ciclo de encuentros para emprendedores malagueños titulado ‘El 9 a las 9’; el evento ‘Negando a Julio Verne: de la Luna a la Tierra’ que organizó el programa en Córdoba; o un ciclo de cine mudo que tiene lugar en agosto en Cádiz y en el que emprendedores adheridos a Lunar ponen la música en directo a las proyecciones.

Completan la oferta programada este año para los emprendedores Lunar talleres de propiedad intelectual; de comercio exterior, en colaboración con Extenda; de financiación, con Invercaria; y de gestión del tiempo, patentes y marcas, ofrecidos por la Agencia de Innovación y Desarrollo de Andalucía (IDEA).

www.juntadeandalucia.es